Los Atlantes de Tula en México

A unos 80 kilómetros de México D.F. encontramos los restos de uno de los grandes vestigios de la cultura Tolteca, se trata de los restos de la ciudad de Tula, un gran conjunto arqueológico, impresionante y sorprendente, de la que fuera la gran capital de la cultura Tolteca, un centro de vital importancia socio – cultural y geográfica, que fue fundada hacia el año 900 D.C.

Uno de los detalles más sorprendentes que podemos encontrar en el yacimiento de Tula y que han maravillado a todos los estudiosos que han vuelto sus ojos hacia los toltecas, son unos monumentales monolitos, labrados en piedra, que representan figuras de guerreros y que son mundialmente conocidos con el nombre de Los Atlantes de Tula.

Los Atlantes de Tula

La ciudad precolombina de Tula, hoy forma parte del Parque Nacional del mismo nombre, un espacio natural protegido. Fue un gran descubrimiento arqueológico que se realizó a finales del siglo XIX y en el que se trabajó durante un largo período de tiempo para poder rescatar y catalogar los restos de palacios, pirámides y templos y que se relacionó con el espacio arqueológico de Chichen – Itzá.

Los restos de la otrora grandiosa ciudad de Tollan-Xicocotitlan se organizan a partir del núcleo conocido como Tula Chico, el origen de la primigenia ciudad, de unos seis kilómetros de superficie, con una gran plaza alrededor de la cual se distribuían los edificios principales. Posteriormente se construyó un segundo complejo monumental, de mayor tamaño y con avanzadas características constructivas propias, que se llaman Tula Grande.

El edificio más significativo del conjunto es una gran pirámide escalonada, conocida como Pirámide B o de Tlahuizcalpantecuhtli, dedicada al dios Quetzalcóatl; una construcción con cinco cuerpos piramidales, en cuya cima se destacan las figuras de los Atlantes. Se cree que estos guerreros eran los pilares que sostenía el edificio de un templo en la cumbre piramidal.

Los Atlantes, de más de cuatro metros y medio de altura fueron tallados en piedra basáltica, y representan figuras humanas ataviadas con el equipamiento guerrero de los toltecas: un pectoral de mariposa, Atlatl, dardos, un cuchillo de pedernal y un arma curva. Fueron hallados por el arqueólogo Jorge Acosta en 1940.

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